En la actualidad, el ciberataque nunca ha sido tan grande como lo es ahora, con ataques DDoS de alto perfil poniendo el tema en la agenda tanto de las empresas como de los gobiernos. A finales del año pasado, un ataque que se informó como el más grande de su tipo, dejó sin internet a la mayor parte del Reino Unido y Estados Unidos. El crecimiento de este tipo de incidentes se debe al simple hecho de que ahora hay más “cosas” conectadas a internet que nunca antes.
La continua oleada de ataques ha puesto de manifiesto la debilidad e ineficacia de la seguridad en el Internet de las cosas. Es un problema que la industria ha tomado en serio desde hace algún tiempo, pero un aumento brusco tanto en los incidentes como en los titulares de los medios de comunicación impulsará naturalmente el problema aún más en la cadena de valor.
El meollo del problema radica en el tiempo físico y el costo asociado a la implementación segura de dispositivos en el Internet de las cosas, y en cómo se conecta un dispositivo a la red. Históricamente, esto ha sido una tarea desalentadora, a menudo hasta el punto de ser imposible. Tradicionalmente, con cualquier implementación de IoT, alguien tiene que ir físicamente y configurar los dispositivos, incluso si eso significa subir a un molino de viento bajo la lluvia. La incertidumbre de la custodia, las contraseñas manuales y la necesidad de intervención en el lugar a lo largo del ciclo de vida del producto crean problemas de seguridad, que a menudo llevan a que esa persona tenga que volver a subir al molino de viento.
Sin embargo, los temores de seguridad sobre estas deficiencias anticuadas que han plagado a la industria durante mucho tiempo se pueden resolver, pero para hacerlo, debe comenzar con el servicio de IoT, en lugar de en el extremo del dispositivo. A partir de ese punto de partida, se puede crear un círculo de vida que garantice una conectividad fluida y segura de una manera que signifique que la persona que antes subía al molino de viento ahora está sentada cómodamente en una silla.
La seguridad en el Internet de las cosas es un desafío que debe abordarse de manera integral y prioritaria. Solo así podremos garantizar la protección de nuestros dispositivos y datos en un mundo cada vez más conectado.


