La inteligencia artificial (IA) de hoy en día está lejos de ser tan consciente como un clip de papel. A pesar de la exageración, como la extraña afirmación de un ingeniero de Google de que el sistema de IA de su empresa “ha cobrado vida” y el tuit del CEO de Tesla, Elon Musk, que predice que las computadoras tendrán inteligencia humana para 2029, la tecnología todavía falla en tareas simples y cotidianas. Esto incluye la conducción de vehículos, especialmente cuando se enfrenta a circunstancias inesperadas que requieren incluso el más mínimo destello de intuición o pensamiento humano.
El sensacionalismo que rodea a la IA no es sorprendente, considerando que el propio Musk había advertido que la tecnología podría convertirse en la “mayor amenaza existencial” para la humanidad si los gobiernos no la regulan. Pero independientemente de si las computadoras alguna vez alcanzan una inteligencia similar a la humana, el mundo ya ha convocado a un demonio de IA diferente y igualmente destructivo: precisamente porque la IA actual es poco más que un sistema bruto e inteligente para automatizar decisiones utilizando algoritmos y otras tecnologías que procesan cantidades sobrehumanas de datos, su uso generalizado por parte de gobiernos y empresas para vigilar espacios públicos, monitorear las redes sociales, crear deepfakes y desatar armas letales autónomas se ha vuelto peligroso para la humanidad. Agravando el peligro está la falta de regulación de la IA. En cambio, conglomerados tecnológicos irresponsables, como Google y Meta, han asumido los roles de juez y jurado en todo lo relacionado con la IA. Están silenciando voces disidentes, incluidos sus propios ingenieros que advierten sobre los peligros.
El fracaso del mundo en controlar el demonio de la IA, o más bien, las tecnologías rudimentarias que se hacen pasar por tal, debería servir como una advertencia profunda. Existe una tecnología emergente aún más poderosa con el potencial de causar estragos, especialmente si se combina con la IA: la computación cuántica. Es urgente que comprendamos el impacto potencial de esta tecnología, la regulamos y evitemos que caiga en manos equivocadas antes de que sea demasiado tarde. El mundo no debe repetir los errores que cometió al negarse a regular la IA.
Aunque aún está en sus primeras etapas, la computación cuántica opera de manera muy diferente a las computadoras basadas en semiconductores de hoy en día. Si los diversos proyectos que se están llevando a cabo en todo el mundo tienen éxito, estas máquinas serán inmensamente poderosas, realizando tareas en segundos que a las computadoras convencionales les llevarían millones de años realizar.
Los semiconductores representan la información como una serie de 1 y 0, por eso lo llamamos tecnología digital. Por otro lado, las computadoras cuánticas utilizan una unidad de cómputo llamada qubit. Un qubit puede contener valores de 1 y 0 simultáneamente al incorporar una propiedad contra intuitiva de la física cuántica llamada superposición. Así, dos qubits podrían representar las secuencias 1-0, 1-1, 0-1 y 0-0, todas en paralelo y al mismo instante. Esto permite un aumento vasto en la potencia de cómputo, que crece exponencialmente con cada qubit adicional.
Si la física cuántica sale de la etapa experimental y se aplica en aplicaciones cotidianas, encontrará muchos usos y cambiará muchos aspectos de la vida. Con su capacidad para procesar rápidamente inmensas cantidades de datos que abrumarían cualquier sistema actual, las computadoras cuánticas podrían permitir pronósticos meteorológicos más precisos, análisis financieros, planificación logística, investigación espacial y descubrimiento de medicamentos. Es muy probable que algunos actores las utilicen con fines nefastos, comprometiendo registros bancarios, comunicaciones privadas y contraseñas de todas las computadoras digitales del mundo.
La criptografía actual codifica los datos en grandes combinaciones de números que son imposibles de descifrar en un tiempo razonable utilizando tecnología digital clásica. Pero las computadoras cuánticas, aprovechando fenómenos de la mecánica cuántica como la superposición, el entrelazamiento y la incertidumbre, podrían potencialmente probar combinaciones tan rápidamente que podrían descifrar las codificaciones por fuerza bruta casi instantáneamente.
Para ser claros, la computación cuántica todavía está en una etapa embrionaria, aunque exactamente en qué etapa, solo podemos adivinar. Debido al inmenso potencial de la tecnología y sus aplicaciones revolucionarias, es probable que los proyectos de computación cuántica ya formen parte de la investigación de defensa y otros gobiernos.
En conclusión, la computación cuántica tiene el potencial de tener un impacto significativo en la sociedad. Si bien ofrece oportunidades emocionantes para el avance científico y tecnológico, también plantea desafíos y riesgos considerables. Es fundamental que comprendamos y regulamos esta tecnología de manera responsable para garantizar que se utilice para el beneficio de la humanidad y no para su perjuicio.


