En un reciente encuentro de la junta directiva en la que participé, se tomó una decisión por mayoría, pero un miembro de la junta discrepaba apasionadamente. A pesar de que el resto de los presentes entendíamos la lógica detrás de la elección, esta persona veía las cosas de manera diferente y no pudo contener su desacuerdo, argumentando su posición en voz alta durante varios minutos.

El CEO finalmente intervino, recordando al miembro de la junta la importancia de aceptar la decisión tomada: “Debes asumirlo, Bob, y seguir adelante. La decisión ha sido tomada. La mayoría gana, conoces las reglas. Ahora centrémonos en trabajar juntos para cumplir con este acuerdo”. Con esta intervención, el miembro de la junta cesó en sus argumentos y se procedió con la votación y la planificación de acciones futuras.

Esta situación me hizo reflexionar sobre cómo se toman decisiones en otros contextos, más allá de la sala de juntas. En la actualidad, vemos evidencia de personas que luchan por aceptar decisiones ya tomadas en diferentes ámbitos, ya sea en política como el Brexit en Europa o la legitimidad de un presidente en Estados Unidos.

¿Están nuestras sociedades perdiendo la noción de que, en términos deportivos, la decisión del árbitro es final? Esta pregunta queda abierta, pero lo que es claro es que para que cualquier institución avance, ya sea una empresa, una nación o cualquier otro grupo, se requiere la toma de decisiones.

Vivimos en democracias donde tenemos el derecho a votar en ciertos asuntos y elecciones. Sin embargo, este derecho conlleva la responsabilidad de aceptar los resultados de esas votaciones. Esto implica reconocer que no siempre obtendremos lo que queremos, y es algo que debemos superar rápidamente por el bien común.

A veces la vida no es justa y no siempre obtendremos lo que deseamos. En lugar de enfocarnos en decepciones pasadas con un torrente de emociones, es importante trazar un camino a seguir con determinación. Es lo que hacen las juntas directivas efectivas y lo que los ciudadanos deben hacer para avanzar de manera productiva.

La experiencia nos enseña que somos mucho más efectivos cuando asumimos y seguimos adelante con las circunstancias que se nos presentan. Discutir la decisión de un árbitro nunca llevó a ningún deportista a un lugar útil. El respeto, la comprensión y el desinterés no son solo cualidades de un miembro eficaz de una junta directiva. Creo que también son las mejores cualidades de los ciudadanos en una sociedad progresista y reflexiva. Es lo que todos debemos abrazar ahora.

La importancia de respetar las decisiones del árbitro va más allá del ámbito deportivo; se extiende al ámbito de la vida cotidiana y a la convivencia en sociedad. Aceptar que no siempre se puede ganar, que a veces toca ceder y que, en última instancia, se trata de avanzar juntos hacia un bien común, es fundamental para el desarrollo armonioso de las comunidades.

En conclusión, aprender a respetar las decisiones tomadas, incluso cuando no van en nuestro favor, nos hace crecer como individuos y como sociedad. La capacidad de aceptación y adaptación son virtudes valoradas en todos los ámbitos de la vida, y nos permiten construir un entorno más colaborativo y constructivo.

Source: Medium