En un mundo que cada vez más se traslada al ámbito digital, la pregunta “¿Puedes escucharme? ¿Puedes verme?” se ha convertido en un lema clave en nuestras interacciones diarias. A medida que nos adaptamos a nuevas formas de comunicación, nuestros deseos humanos básicos de sentirnos vistos y escuchados cobran más relevancia que nunca. Ser visible se vuelve fundamental para sentirse valorado, y ser vocal es integral para tener una voz en la sociedad.
Estas dos preguntas, en apariencia simples, encierran una profundidad y relevancia significativa para todos nosotros en la actualidad. Detengámonos un momento y hagamos una breve reflexión… “¿Puedes escucharme?” ¿Quién en tu vida te está planteando esta pregunta en este momento? ¿Es tu colega, tu comunidad, tu esposa, tus hijos, tus seres queridos? Y lo más importante, ¿realmente estás escuchando, o es la desesperación por ser escuchado lo que te impulsa a simplemente preparar tu respuesta?
Ahora, respiremos hondo y preguntemos nuevamente… “¿Puedes verme?” ¿A quién ves ahora? ¿Es tu vecino mayor, tu nuevo empleado, tus clientes habituales, o incluso alguien más cercano a ti? ¿Qué están expresando? ¿Están conectando contigo verbalmente, vocalmente, o enviando señales que quizás no estás identificando?
Al considerar esto, ¿cómo estás creando el espacio necesario para ser consciente de lo que sucede a tu alrededor? ¿Estás ayudando a las personas a experimentar la verdadera esencia de ser vistos y valorados, tal como lo transmite el saludo de la tribu Zulú “Sawubona” (te veo, eres importante, te valoro)?
Uno de los conceptos más poderosos que podemos tener en cuenta es el de “sonder”, que nos hace comprender que cada transeúnte aleatorio está viviendo una vida tan vívida y compleja como la nuestra, llena de sus propias ambiciones, amigos, rutinas, preocupaciones y locuras heredadas. Más que nunca, es crucial reconocer esto, lo que nos lleva a explorar el mundo a través de la empatía, la humanidad y una apertura para ver perspectivas muy diferentes a las nuestras, y conectarnos con amabilidad ya que cada persona afronta sus propios desafíos en este momento.
En décadas pasadas, hemos visto a organizaciones adornar sus paredes con declaraciones de valores visionarios: coraje, integridad, diversidad, honestidad, y más recientemente, con temáticas centradas en el cliente. Sin embargo, ¿cómo sería nuestro mundo si en lugar de estos principios rectores, viéramos paredes llenas con estas dos simples preguntas?
Imaginemos cómo esto podría crear una cultura que considere cómo ayudar a los demás en primer lugar, y se extienda mucho más allá de nuestros lugares de trabajo hasta cada aspecto de nuestras vidas. A medida que trasladamos nuestra comunicación al ámbito digital, nos damos cuenta rápidamente de que incluso en una videollamada con miles de participantes, solo una persona puede hablar a la vez. ¿Cómo podríamos entonces crear ese espacio para aquellos que rara vez tienen voz? ¿Y qué descubriríamos al cambiar nuestra noción de contribuir, pasando de hablar a escuchar y aprender mientras otros comparten sus historias?
En todo el mundo, vemos la importancia de esto a medida que nos educamos a través de historias que arrojan luz sobre lo mejor y lo peor de la humanidad, a menudo relatadas desde la perspectiva de aquellos que nunca antes habían tenido voz. Al tomarnos el tiempo para escuchar realmente, estas historias nos unen como comunidad global, y nos impulsan a tomar medidas para crear un mundo que nos ofrezca a todos un sentido de pertenencia y una mayor comprensión de por qué esto es tan importante en todas nuestras vidas.
Te dejo con el desafío de reflexionar: ¿quién te está formulando estas preguntas (“¿Puedes escucharme? ¿Puedes verme?”) en este momento y cómo responderás hoy? Y, lo que es más importante, ¿qué harás de manera diferente mañana?
Source: Medium


