En el mundo empresarial y en la vida cotidiana, se ha hablado mucho sobre la importancia de decir “gracias”. Reconocemos que la cortesía y la gratitud son fundamentales para establecer relaciones sólidas, tanto a nivel personal como profesional. El libro “The Thank You Economy” de Gary Vee es un gran ejemplo del poder que tiene la amabilidad en los negocios. Sin embargo, en medio de esta conversación sobre la gratitud, hay una frase que a menudo pasa desapercibida pero que en realidad puede ser aún más reveladora del carácter de una persona o de una empresa: “No, gracias”.
Decir “gracias” es fácil. Termina con una sonrisa y la promesa de futuras interacciones positivas. En cambio, decir “no, gracias” puede resultar difícil. Nadie quiere ser portador de malas noticias, pero considero que esta simple frase es aún más importante para ganarse el respeto de alguien. Al decir “no, gracias”, estamos demostrando que valoramos a la otra persona. Esta negativa puede ir acompañada de una explicación sobre por qué la oferta no es viable en ese momento, o simplemente con un: “En este momento, esta propuesta no se ajusta a nuestras necesidades”. El mensaje clave que se transmite es el respeto.
Por supuesto, todos estamos ocupados y con poco tiempo, pero, ¿qué se necesita realmente para decir “no, gracias”? Imagina que estás cenando con amigos y te ofrecen un café que no deseas. ¿Permanecerías en silencio hasta que pasaran al siguiente plato? Seguramente no. Educadamente dirías: “No, gracias”. Este mismo principio se aplica al estar frente a un ordenador. Ignorar una oferta no solicitada de alguien, aunque no estés cara a cara con la persona, no hace la situación menos incómoda. Al responder con cortesía de manera negativa, estás reconociendo a la otra persona. Aunque no aceptes la oferta, le estás proporcionando la información necesaria para que pueda dirigirse a otros prospectos.
Este pequeño gesto significa mucho. Por el contrario, cuando una marca o un individuo ignora a la otra parte y finge no haber escuchado la pregunta, deja una impresión negativa en ambas partes. Además, se cierran puertas a futuras ideas que podrían beneficiar a ambas partes. Mañana nunca se sabe dónde estarás. No sabes qué podrías necesitar y, al tomarte unos segundos para decir “no, gracias”, estás dejando la conversación en buenos términos. Esto permite que la próxima interacción se dé sin el lastre emocional innecesario del pasado.
En los negocios actuales, la frase “no, gracias” es demasiado escasa. Todos queremos ser escuchados, queremos ser valorados y queremos que se nos trate con consideración. Aceptar una oferta solo por evitar la incomodidad de decir “no, gracias” no es beneficioso a largo plazo para ninguna de las partes involucradas. La honestidad y la transparencia son fundamentales en cualquier relación, ya sea personal o profesional. Al practicar la cortesía de decir “no, gracias” de manera respetuosa y considerada, estamos construyendo puentes hacia una comunicación más efectiva y genuina.
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