Hace unas semanas, tuve la oportunidad de reflexionar sobre la figura de Michael Jordan y las lecciones de liderazgo que podemos extraer de su carrera y mentalidad competitiva. Si me preguntaran hace 20 años si quería “ser como Mike,” mi respuesta hubiera sido un rotundo NO, probablemente con alguna palabra malsonante añadida. Siendo de Indianápolis, hogar de los Indiana Pacers, no quería tener nada que ver con los Chicago Bulls o su amado Michael Jordan. Sin embargo, con el paso de los años he aprendido a apreciar no solo a MJ el jugador de baloncesto, sino a Michael Jordan, la persona.
En mi época de instituto practicaba tres deportes. La competición está en mi naturaleza. Incluso hoy, en mis años de adulta, sigo manteniendo esa llama participando en carreras, levantando pesas e incluso compitiendo en carreras Spartan. Como atleta, comparto ciertas cualidades inherentes con MJ: disciplina, determinación, deseo de ganar y espíritu competitivo.
Ver el documental “The Last Dance” de ESPN me ha dado un nuevo nivel de respeto y aprecio por su liderazgo. Dos cosas que dijo se me quedaron grabadas: “Ganar tiene un precio” y “El liderazgo tiene un precio.” Cuando a MJ le preguntaban cómo creía que la gente le percibía (siendo plenamente consciente de que se le asociaba a menudo con características como la dureza o la arrogancia), él explicaba que nunca pedía a sus compañeros que hicieran algo que él no hiciera. Nadie trabajaba más que Mike. Añadió que otras personas no comprenderían su personalidad o su intensidad porque nunca habían ganado nada. En ese momento, mi respeto por él se consolidó. En ese instante me di cuenta de que quizás sí quería “ser como Mike,” no solo en el ámbito deportivo, sino en otros aspectos de la vida.
Trabajo duro. Quiero ganar. Quiero que aquellos a quienes lidero ganen. Quiero que los que me rodean ganen. Puede que no siempre sea bonito y pulcro, con todas las cortesías, pero sé lo que implica ganar. Sé cómo se siente ganar. ¡Quiero que otros experimenten esa sensación de victoria también!
A veces el precio de ganar es alto. A veces el precio del liderazgo es alto. Jesucristo fue el ejemplo máximo de pagar un alto precio para que nosotros pudiéramos triunfar en última instancia. Y con ese ejemplo, ¡puedo hacer TODAS las cosas a través de Él! (Filipenses 4:13, NVI)
Este recordatorio me lleva a buscar seguir viviendo conforme a los principios de Cristo en mi día a día. Si deseas más consejos sobre cómo vivir como Cristo, te invito a visitar mi blog: bit.ly/LadyZSpeaks. También puedes seguirme en mis redes sociales: Facebook, Instagram y Twitter: @LadyZSpeaks.
Source: Medium


